OFFF Barcelona 2011 Main Titles

Year Zero

CREDITS

Directed by Mischa Rozema
Story by Mischa Rozema & Si Scott
Production Company: PostPanic
Executive Producers: Jules Tervoort, Ania Markham
DoP: Jiri Malek, Mischa Rozema
Music & Sound Design: Hecq
Senior Producer: Annejes van Liempd
Production Assistant: Jacinta Ramaker
Production Designer: Roland Mylanus, Nicole Nieuwenhuis
Editor: Mischa Rozema

Prague Cast:
Main Hero: Vladan Bláha
Grafitti Guy: Tom Malar
Main Hero Sister: Katerina Galova

Post-Production: PostPanic
CG Supervisor: Ivor Goldberg
VFX Supervisor: Chris Staves
3D Artists: Jeroen Aerts, Matthijs Joor, Jurriën Boogert, Marnix Reckman, Adam Janeczek
2D Artist: Erwin van den IJssel
3D Interns: Cara To, Xander Clerckx
2D Interns: Mathijs Luijten, Per Westholm
Compositing: Chris Staves, Ivor Goldberg, Adam Janeczek, Matthijs Joor
Graphic Designs: Si Scott
Additional Graffiti Elements: Florian Stumpe
Matte Painting: Wieger Poutsma
Additional 3D and Compositing: Storm PostProduction

Production (Prague) by Savage:
Executive Producer: Klara Kralickova, Pavla Burgetova Callegari
Producer: Michaela Berkova
Production Assistant: Vojta Ruzicka
Prop master: Jan Fiala
Location Scout & Management: Petr Bastar, Adam Fuchs
Location: CREVISTON, a.s.
Tattoos made by: Wowa tattoo prague

About OFFF Festival 2011

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PARTE PRIMERA

monstruo

Imagen de Dain Fagerholm

Por Orlando Echeverri B.

El día que decidí marcharme no le dije a nadie. Le inyecté una dosis de amital sódico a mi perro y dos más a mis canarios. Me habría gustado emplear una sustancia distinta pues aquella se aplica a condenados a muerte y mis animales no fueron criminales sino afectuosos espíritus de compañía. El asunto es que el médico a quien debí casi extorsionar no pudo proporcionarme algún barbitúrico distinto. Pero procuré hacer el momento solemne, me vestí bien, dije adiós, sollocé por ellos y fumé un cigarro en la ventana. Tal vez haya sido la primera cosa de hombre que he hecho en mi vida. También dejé que sonara el invierno de Vivaldi, con exactitud, el primer movimiento, interpretado por Herbert von Karajan, pues también yo querría escucharlo el día de mi muerte. Cualquier otra versión resultaría inaceptable. Por esto me he esforzado en memorizar cada instrumento, cada feroz vibrato, cada giro inaudito y soberbio. Muchas veces hice la prueba: con los ojos cerrados en mitad de la calle más ruidosa imaginé la pieza. Fallé con frecuencia, pero al final obtuve una representación exacta. Entonces supe que estaba listo para mil viajes peligrosos.

Debido a que no pensaba volver nunca más, me sentí conmovido, sensible, poético. Decidí visitar a una mujer por quien había caído en la ruina sentimental: esa clase de jóvenes impasibles e intransigentes que logran transformar a un hombre en un repulsivo espumarajo de llanto y autocompasión. ¿Cómo es posible que no contemplara todo el amor que sentía por ella? ¿Acaso no era capaz de apreciar la pasión palpitante y pura que su sola presencia causaba en mí? Necia, pensé, insensata. Por supuesto, no era adecuado llegar con las manos vacías y tras profundas cavilaciones opté por un bate, ese instrumento rudimentario con el que se practica uno de los deportes más absurdos creados por el hombre. El hecho es que debí convencerla con alguna mentira piadosa para que me abriera la puerta del apartamento donde vivía sola y, una vez adentro, sin perder el tiempo, le largué abundantes golpes (perdiendo un poco los estribos) que le quebraron las rodillas y tal vez algún diente cuando llegué al clímax. Le obsequié el bate, como estaba planeado, y antes de marcharme consideré importante confesarle que en una ocasión, no recuerdo claramente cuál, le sentí un pesado mal aliento, y que en ese sentido, el oportuno enjuague bucal podía ser su aliado.

Ya que había sacado de mi corazón un clavo oxidado, decidí hacer otras visitas, entre las cuales sólo una más vale la pena mencionar. Se trata de un pequeño, abyecto y cernícalo insecto por quien sentí siempre un odio muy particular. Había asistido conmigo a la clase de semiótica y siempre que yo participé con alguna de mis ideas oportunas y tajantes aquel cara de mierda se las ingeniaba para poner a los demás alumnos en mi contra. Una vez me llamaron monstruo. En otra ocasión pusieron en tela de juicio mi inclinación sexual. Y él reía. Y yo me sentí amargo. Lo importante es que, hace bastante tiempo tuve la desventura de encontrarme en un restaurante y confirmar que la dueña era nada menos que su madre. Él ayudaba atendiendo las mesas y cuando le hice comprender que los espaguetis que había ordenado no estaban al dente, como pedí con explicitud, se armó de suficiente coraje para expulsarme de su madriguera inmunda, humillándome en frente de todos los comensales. Canalla, le dije. Pero creo que no escuchó mi justo insulto pues había cerrado la puerta en mis narices.

Para este individuo opté por hacer la visita inmediatamente después de visitar mi antiguo amor. A esa hora de la noche ya se cerraba el restaurante. Ingresé sin encontrar impedimento alguno y tras vagar por aquel penoso y mal habido lugar di con mi némesis en la cocina. La inspiración me asaltaba y como decidí improvisar tomé una cuchara del lavaplatos y me acerqué al sujeto, quien al verme dibujó en su rostro un claro gesto de desconcierto. Debimos de quedarnos mirando más de cinco segundos, sin pronunciar palabra. Entonces fui a su ojo izquierdo con celeridad. Debo ser franco y admitir que el resultado fue aterrador. Alguna macabra fantasía me hizo suponer que tendría su órgano visual en el instrumento pero este debió desviarse hasta un nervio y ya no me gustó estéticamente. La parte convexa de la cuchara se había perdido en el interior de su cráneo y mi enemigo se quejaba con la empuñadura sobresaliendo como una especie de cuerno de muy mal gusto. Viéndolo retorcerse de dolor, lo tumbé y  le proporcioné diecinueve puntapiés en  la espina dorsal. Mi pie quedó lastimado y su madre, quien apareció súbitamente, interrumpió nuestro negocio con alaridos, por lo que me vi forzado a darle un puñetazo en la teta, también en el lado izquierdo (vaya uno a saber por qué me incliné dos veces por el mismo lado), pero esta era tan blanda y fofa que mi muñeca sufrió una lesión imperdonable.

En fin, que luego sentí algo ambiguo: dolor en dos de mis extremidades y también un placer sólo comparable con el que suministra el final de un día de arduo trabajo. Tal vez olvidé mencionar que soy docente en la escuela primaria. Dicto clases de Literatura, disciplina que por alguna razón las autoridades de la institución insisten en llamar Español. El caso es que en el café de una estación de gasolina, cerca de la escuela, corregí los trabajos finales, que consistían en la escritura de un poema, para lo cual instruí a mis ávidos alumnos en los que a mi juicio son los grandes poetas que uno debe leer a temprana edad: Ilarie Voronca y Dylan Thomas. Sin embargo, fue grande mi decepción con el resultado de mi esfuerzo. En un poema de Claudia Piña (a quien nunca pude corregir el mal hábito de mantener los mocos verduscos chorreados bajo su nariz), se elabora el insufrible anhelo de ser como su madre cuando crezca. Además de la ridiculez que esto implica, conozco bien a la señora y no es más que una grotesca gorda con piernas de elefante que por poco me hace echar, argumentando que yo sufría alguna especie de demencia.

El asunto relevante es que mi dolor y frustración fueron inmensos leyendo aquellos trabajos. Basta recordar el poema, si es que se le puede dar tal definición, a ese lloriqueo de Carlitos Benítez y su terrible abuso de gerundios en su trabajo sobre un chico que pierde un pez o un perro que escapa al océano y es rescatado por una ballena u otro impreciso fauno marino que luego lo lleva a comer hamburguesas en la luna. El poema melifluo y abarrotado de horripilantes metáforas de Katy Mejía por poco me causa una indigestión. El de Azucena Torres (su nombre en sí mismo le extirpa cualquier ligero brote de talento) nos refiere un poema opaco y rutinario, como si antes que un poema estuviera enumerando los certeros pasos para llegar a la diabetes mellitus. Considero que sus padres estarían de acuerdo en cambiarle el nombre y abofetearla cada vez que mal emplea el dequeísmo. Tanto fue mi malestar que debí recurrir al consuelo del baño, pero éste era inmundo y preferí utilizar la bolsa plástica (donde guardaba los poemas) y allí deposité los desperdicios deletéreos de mis entrañas.

Debido a que tenía las llaves del colegio, antes de enfilar hacia el aeropuerto me acerqué a mi antiguo lugar de trabajo y, como buen profesional que soy, deslicé en el buzón los malogrados poemas, sin antes perder oportunidad para obsequiar al director la bolsa con mis excrementos, los cuales situé con gentileza y proporción en su escritorio. Busqué en mi mente una frase lapidaria para despedirme, pero juzgando que la mierda era lo suficientemente clara, preferí callar.

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Klaus Kinski

Si no fuera actor…

Klaus Kinski

Por Orlando Echeverri

Hace poco conseguí en una librería de viejo la autobiografía de Klaus Kinski “Yo Necesito Amor”, de la editorial Tusquets, titulo por cierto engañoso o más bien irónico si se tiene en cuenta la virulencia con que están narradas las anécdotas en torno al rodaje del film “Aguirre: La Cólera de Dios”, de Herzog.

Si bien es cierto que entre los atributos de Kinski siempre se reconoció su temperamento explosivo y peligroso; la clase de tipo con el que uno debía andarse con cuidado, a través del libro se descubre el ángulo desopilante de sus entredichos con el director, o para ser justo, de los insultos que le profería, pues por lo regular Herzog aguantaba en silencio, dejando que la ira de Kinski se desinflara.

Hay que reconocer que Herzog debió de ver en Kinski algo excepcional, pues lo eligió para trabajar en no pocas de sus películas, como en la ya mencionada Aguirre…, Woyzeck, Fitzcarraldo, Cobra Verde y Nosferatu, trabajos con las que, además, Kinski obtuvo el reconocimiento internacional.

Kinski (quien fue paracaidista alemán en la Segunda Guerra Mundial) conoció a Herzog cuando éste era aún un niño ya que compartían una pensión en Munich. La tormentosa y pasional relación entre ambos está plasmada no sólo en este texto sino también en el documental que cineasta tituló “Mi enemigo Íntimo”. Allí Herzog asegura que incluso elaboro varios planes para asesinarlo.

De cualquier forma, en ciertos fragmentos de la autobiografía se logra dibujar con claridad la tensión infernal del rodaje en medio de la selva, y el carácter de quien dijera «soy como una bestia con uñas. Si no fuera actor, me habría convertido en asesino o mártir» 

*

“Con toda la armadura puesta, me caigo en un charco pantanoso; intento liberar mi cuerpo del fango, pero me hundo cada vez más. Grito, inflamado de furia ciega:

—¡Yo me largo! ¡Aunque tenga que remar hasta el océano Atlántico!

—Si te largas, acabo contigo— dice el cabrón de Herzog, con cara de susto debido al riesgo que está corriendo.

—¿Cómo vas a acabar conmigo, hijo de puta?— le pregunto, con la esperanza de que me ataque y así pueda matarlo en defensa propia.

—Te voy a disparar— balbucea como un paralítico con el cerebro reblandecido—. Ocho balas para ti, y la última para mí.

¿Quién ha oído hablar jamás de un fusil o una pistola con nueve cartuchos? ¡Eso no existe! Además, no tiene armas. Me consta. No tiene un fusil ni una pistola, ni siquiera un machete. Ni tan sólo una navaja. Ni un sacacorchos. Soy el único que tiene un fusil. Un Winchester. Tengo un permiso especial del gobierno peruano. Para comprar cartuchos, me he tirado días enteros de aquí para allá, de una comisaría a otra, para que me firmasen y sellasen papeles, y toda esa mierda.

—Te espero, insecto— le digo, alegrándome de lo lindo de que por fin hayamos llegado a esos extremos—. Me voy a mi balsa y allí te espero. Si vienes, te mato a tiros.

Luego me abro paso hasta nuestra balsa, donde Minhoi ya se ha dormido en su hamaca. Cargo mi Winchester y me pongo a esperar.

A eso de las cuatro de la mañana, Herzog se acerca en canoa a nuestra balsa y me pide perdón.”

*

“Aunque estoy siempre huyendo de él, Herzog se me pega como una mosca cojonera. La simple idea de que él está aquí, en medio de la selva virgen, me pone enfermo. Cuando lo veo acercarse a mi le grito que se detenga; que apesta; que me da asco; que no quiero oír su palabrería de mierda. ¡Que no lo soporto! (…) Siempre tengo la esperanza de que me ataque. Entonces lo empujaré a un brazo del río cuyas aguas tranquilas están repletas de pirañas sedientas de sangre y miraré cómo lo destrozan. Pero no lo hace, no me ataca. No parece que le afecte el hecho de que yo lo trate como a un trapo. Además, es un cobarde. Sólo pasa al ataque cuando cree que lleva las de ganar. Contra un nativo, un indio que ha aceptado un trabajo para que su familia no se muera de hambre, y que lo aguanta todo por miedo a perder el trabajo. O contra un estúpido actor sin talento, o contra los animales indefensos.”

*

En Francia

“Se estrena Aguirre en París (¡después de cinco años!). Herzog, director inepto, productor inepto y un inepto a la hora de comercializar la película, la ha malvendido por cuatro duros (escalofriantemente mal doblada al inglés) a una distribuidora francesa de mala muerte. En la otra versión, aún peor (en alemán, con subtítulos), no es mi voz la que se oye, pues negué durante años a hablar con Herzog. Me produce alergia el simple hecho de oír o leer su nombre. El supuesto “dossier de prensa” no es más que un cúmulo de fanfarronadas hinchadas y mentiras desvergonzadas en favor de Herzog. Su responsable es un baboso “jefe de prensa” que se ha fijado como meta para el resto de su vida lamerle a Herzog su asqueroso culo. En el dossier de prensa aparece por primera vez esa historia analfabeta según la cual Herzog me forzó por las armas a ponerme delante de la cámara”.

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Dan Fante

Venga a tu Padre

Dan Fante

El hombre que destruía vidas en 20 palabras

Por Carles Geli

El cuerpo de Dan Fante (minúsculo aro de plata en la nariz, cabeza rapada, traje gris, botas negras; anillos en los dedos anular y meñique de ambas manos…) recoge las muescas de una vida que hasta hace poco cualquiera estaría de acuerdo en definir, como mínimo, de desajustada. Fue carny (vocero de feria) macerándose cada noche en alcohol, drogas y sexo no muy sano; taxista (y, en el mismo viaje, correo de la mafia del juego), ayudante de detective privado (metido en asuntos turbios), vendedor ambulante (próspero negocio que acabó en redada policial), conductor y empresario de limusinas (y camello de sus pudientes clientes rockeros), vendedor de aspiradoras, operador detelemarketing… En plena caída libre contabiliza 30 trabajos en menos de seis meses, mientras duerme en coches abandonados, roba comida, esnifa todo lo que puede, intenta suicidarse sin éxito y, sobre todo, bebe hasta perder literalmente el conocimiento. (Seguir leyendo en El País) 

Entrevista de Juan Arabia

J.A: ¿Por qué cree que autores como John Fante (como a él mismo le ha sucedido de forma similar con Knut Hamsun o a usted con Hubert Selby Jr.) logran cambiar las vidas en las personas?

D.F: Escritores como mi padre hablan desde su corazón y no desde sus máquinas de escribir. Esa es la razón… (entrevista de 2011 en BuenosAiresPoetry)

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A.

Dinámicas Oscuras

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Tigersushi

Yes, Wizard

Official video for Yes Wizard’s Heaven Black released on Tigersushi.
Video shot (except for the 16mm found footage) and edited by Joakim.

Joakim – Forever Young

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Jazz un día de verano: Bern Stern

El viento sopla

Jazz un día de verano (Jazz on a Summer’s Day, 1960) retrata el Festival de Jazz de Newport, en Rhode Island, en 1958. Fue dirigido por Bert Stern (fotógrafo de varias revistas de moda y quien adquirió fama tras tomar para Vogue las útimas fotografías de Marilyn Monroe antes de su muerte), escrito por Albert D’Annibale y editado por Aram Avakian. En aquellos días el productor de jazz en Columbia Records era también el director del Festival de Newport, lo cual facilitó la difusión del documental.

El film mezcla imágenes de la carrera de yates que suele celebrarse en esta época del año y escenas de la audiencia que asistió al festival en aquel momento. Entre los músicos que aparecen están Sal Salvador, Jimmy Giuffre, Thelonious Monk, Sonny Stitt, Anita O’Day, Dinah Washington, Gerry Mulligan, Chuck Berry, Louis Armstrong y  Jack Teagarden.

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