Si no fuera actor…

Klaus Kinski
Por Orlando Echeverri
Hace poco conseguí en una librería de viejo la autobiografía de Klaus Kinski “Yo Necesito Amor”, de la editorial Tusquets, titulo por cierto engañoso o más bien irónico si se tiene en cuenta la virulencia con que están narradas las anécdotas en torno al rodaje del film “Aguirre: La Cólera de Dios”, de Herzog.
Si bien es cierto que entre los atributos de Kinski siempre se reconoció su temperamento explosivo y peligroso; la clase de tipo con el que uno debía andarse con cuidado, a través del libro se descubre el ángulo desopilante de sus entredichos con el director, o para ser justo, de los insultos que le profería, pues por lo regular Herzog aguantaba en silencio, dejando que la ira de Kinski se desinflara.
Hay que reconocer que Herzog debió de ver en Kinski algo excepcional, pues lo eligió para trabajar en no pocas de sus películas, como en la ya mencionada Aguirre…, Woyzeck, Fitzcarraldo, Cobra Verde y Nosferatu, trabajos con las que, además, Kinski obtuvo el reconocimiento internacional.
Kinski (quien fue paracaidista alemán en la Segunda Guerra Mundial) conoció a Herzog cuando éste era aún un niño ya que compartían una pensión en Munich. La tormentosa y pasional relación entre ambos está plasmada no sólo en este texto sino también en el documental que cineasta tituló “Mi enemigo Íntimo”. Allí Herzog asegura que incluso elaboro varios planes para asesinarlo.
De cualquier forma, en ciertos fragmentos de la autobiografía se logra dibujar con claridad la tensión infernal del rodaje en medio de la selva, y el carácter de quien dijera «soy como una bestia con uñas. Si no fuera actor, me habría convertido en asesino o mártir»
*
“Con toda la armadura puesta, me caigo en un charco pantanoso; intento liberar mi cuerpo del fango, pero me hundo cada vez más. Grito, inflamado de furia ciega:
—¡Yo me largo! ¡Aunque tenga que remar hasta el océano Atlántico!
—Si te largas, acabo contigo— dice el cabrón de Herzog, con cara de susto debido al riesgo que está corriendo.
—¿Cómo vas a acabar conmigo, hijo de puta?— le pregunto, con la esperanza de que me ataque y así pueda matarlo en defensa propia.
—Te voy a disparar— balbucea como un paralítico con el cerebro reblandecido—. Ocho balas para ti, y la última para mí.
¿Quién ha oído hablar jamás de un fusil o una pistola con nueve cartuchos? ¡Eso no existe! Además, no tiene armas. Me consta. No tiene un fusil ni una pistola, ni siquiera un machete. Ni tan sólo una navaja. Ni un sacacorchos. Soy el único que tiene un fusil. Un Winchester. Tengo un permiso especial del gobierno peruano. Para comprar cartuchos, me he tirado días enteros de aquí para allá, de una comisaría a otra, para que me firmasen y sellasen papeles, y toda esa mierda.
—Te espero, insecto— le digo, alegrándome de lo lindo de que por fin hayamos llegado a esos extremos—. Me voy a mi balsa y allí te espero. Si vienes, te mato a tiros.
Luego me abro paso hasta nuestra balsa, donde Minhoi ya se ha dormido en su hamaca. Cargo mi Winchester y me pongo a esperar.
A eso de las cuatro de la mañana, Herzog se acerca en canoa a nuestra balsa y me pide perdón.”
*
“Aunque estoy siempre huyendo de él, Herzog se me pega como una mosca cojonera. La simple idea de que él está aquí, en medio de la selva virgen, me pone enfermo. Cuando lo veo acercarse a mi le grito que se detenga; que apesta; que me da asco; que no quiero oír su palabrería de mierda. ¡Que no lo soporto! (…) Siempre tengo la esperanza de que me ataque. Entonces lo empujaré a un brazo del río cuyas aguas tranquilas están repletas de pirañas sedientas de sangre y miraré cómo lo destrozan. Pero no lo hace, no me ataca. No parece que le afecte el hecho de que yo lo trate como a un trapo. Además, es un cobarde. Sólo pasa al ataque cuando cree que lleva las de ganar. Contra un nativo, un indio que ha aceptado un trabajo para que su familia no se muera de hambre, y que lo aguanta todo por miedo a perder el trabajo. O contra un estúpido actor sin talento, o contra los animales indefensos.”
*
En Francia
“Se estrena Aguirre en París (¡después de cinco años!). Herzog, director inepto, productor inepto y un inepto a la hora de comercializar la película, la ha malvendido por cuatro duros (escalofriantemente mal doblada al inglés) a una distribuidora francesa de mala muerte. En la otra versión, aún peor (en alemán, con subtítulos), no es mi voz la que se oye, pues negué durante años a hablar con Herzog. Me produce alergia el simple hecho de oír o leer su nombre. El supuesto “dossier de prensa” no es más que un cúmulo de fanfarronadas hinchadas y mentiras desvergonzadas en favor de Herzog. Su responsable es un baboso “jefe de prensa” que se ha fijado como meta para el resto de su vida lamerle a Herzog su asqueroso culo. En el dossier de prensa aparece por primera vez esa historia analfabeta según la cual Herzog me forzó por las armas a ponerme delante de la cámara”.
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