Los Soles
Por Orlando Echeverri
A la edad de 10 años quería buscar a su recién fallecida madre en la infinidad del océano: tomó un pequeño bote y se echó al mar abierto. Por poco se ahoga; por poco se ahogaría después en la profunda y turbulenta vida de poeta. Su padre era un joyero taciturno y severo, según lo describiera su madre. Murió de tuberculosis. Era poco lo que sabía de él. En realidad Gillberte H. Dallas no había conocido a su padre, o dicho de otro modo, no podía tener un recuerdo nítido de él porque éste murió cuando la poetiza tenía siete meses de nacida. Escribió y pintó. Pero sus pinturas son un misterio: el comerciante de arte a quien ella había encargado las perdió en un viaje por el Mediterráneo y nunca le dio respuesta o se molestó por recuperarlas. Dallas pasó gran parte de la Segunda Guerra Mundial en Suiza, acompañada por su prometido quien, a partir de los ataques de depresión continuos y cada vez más profundos decidió abandonarla. Se internó en un hospital psiquiátrico. Al salir trabajó una temporada como actriz en Mónaco y también en Niza. Al terminar la guerra viajó por los escombros humeantes de Europa y permaneció largo tiempo en Oceanía. Murió de cáncer, sola. Gilbert H. Dallas era una poetiza maldita.
Soles Negros
Los soles negros / Millones de soles negros / Giran en el cielo / Devoran el cielo / Se abaten sobre los pavimentos / Destripan las iglesias del Buen Dios / Destripan los hospitales / Destripan las estaciones / Como viscosas medusas / Destripan las aguas de los puertos / Crecen en las manos de los hombres / que tienen manos / Estrujan juguetes terribles / En manos de niños / Mil soles de apetitos insaciables / Mil soles de vértigo y dolor / Mil soles de desesperación y suicidio / Mil soles de muerte lenta y muerte rápida / Mil soles de Tierra Eterna / Mil soles de abnegación y negación / Mil soles de cero / Mil millones de soles de jamás / para siempre.















