modeselektor

debbottoner


Bruno Levy took thousands of photographs in Patan, Nepal over the course of a week using flashlights and long exposures. After getting the nod from Modeselektor and BPtich Control, he created a stop-motion narrative synched to Deboutonner.

Links:
modeselektor.com
myspace.com/​mdslktr
brunolevy.com
quizbowlproductions.com

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Muerto por dos Cowboy´s

Van Gogh no se habría suicidado

El loco de pelo rojo

Borja Bergareche

Una monumental biografía sobre el pintor Vincent Van Gogh, desde ayer en las librerías británicas, podría poner fin a uno de los mitos más consolidados de la pintura universal. Los campos de trigo en torno a la localidad francesa de Auvers-sur-Oise son, además del paisaje que inspiró a pintores como Paul Cézanne o Camille Corot, un destino de peregrinación para miles de personas que acuden cada año a venerar el escenario donde el malogrado Vincent Van Gogh se habría suicidado en julio de 1890, apenas dos meses después de salir del manicomio.

Los turistas japoneses dejan cenizas de sus ancestros, y los rusos botellas de vodka. Señales de respeto y admiración por el «loco pelirrojo», que hizo de sus cuadros una tempestad de sentimientos, y que podrían estar erradas de ser cierta la «reconstrucción hipotética» de su muerte que defienden los autores de la nueva biografía. En una nota de apenas 15 páginas al final de un libro de más de 900, Steven Naifeh y Gregory White Smith, premiados con el Pulitzer por su biografía del pintor Jackson Pollock, concluyen que el atormentado artista holandés no se quitó la vida de un disparo en un campo de trigo, como representó para siempre en el imaginario colectivo la caracterización de Kirk Douglas en la película de Vicent Minnelli (basada en la novela «Lust for Life», de Irving Stone).  Seguir Leyendo en ABC.

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Contratapa/ La canción en sus cabezas

What we can see

Por Juan Forn

El fue Medalla de Ciencias en tercer grado. Ella fue Miss Preescolar en el colegio de enfrente. Cuando a ella la mandaban al mercado le decían “Cuidado con las gitanas” y ella un poco las temía y otro poco fantaseaba con la idea de que la robaran, de que se la llevaran. En el colegio de enfrente, él tenía montada una compraventa de cochecitos rellenos de plastilina; le faltaban los anillos en los dedos para ser el perfecto gitano en miniatura. Estaban llamados a cruzarse, y se cruzaron finalmente, a la salida de Tiempo de gitanos, en el viejo cine Arte, un sábado trasnoche.  

**

 “Hay hormigas mentales que bailan en su cabeza / Vienen de los Balcanes / se meten por una oreja y uno no siente nada / cierra fuerte los ojos y persigue las manchitas / que huyen de su mirada / y no tiene más aduana y dice lo que todos callan / Y siempre está leyendo el mismo libro / Porque en vez de leerlo ya lo protagoniza / y vive soñando cada día / con poder olvidarse que el que vive agoniza”. 

(Seguir leyendo en Página/12, Contratapa)

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Ayer soñé que era un chacal.

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Ríete del pasado

Esperanza by Rymond Carver

                                                                                                                                    ‘‘Mi esposa’’, dijo Pinnegar,
‘‘‘‘cuando me abandona desea que  yo destruya       
‘‘ mi vida.”.‘Ésa  es su última esperanza’’.
‘‘D. H. Lawrence.   Jimmy y la mujer desesperada

Me dejó el auto y doscientos dólares.
Dijo: ‘‘hasta luego, querido.
Tomate las cosas con tranquilidad ¿me entendés?
Esto es todo. Absolutamente todo.
Esto es lo que queda
después de veinte años de matrimonio.
Ella cree adivinar lo que sucederá.
Piensa que me voy a gastar la plata
en dos o tres días
y que tarde o temprano
voy a destruir el auto – que ya era mío
y que además necesitaba varios arreglos -.
Al momento de alejarme
Los vi, a ella y a su novio,
estaban cambiando la cerradura de la puerta.
Saludaron con el brazo en alto.
Los saludé de la misma manera.
Sólo para que supieran
que no había malos sentimientos de mi parte.
Apreté el acelerador y me alejé rápidamente.
Estaba como atolondrado.
Ella, por lo menos, tenía razón en eso.
Seguí el camino de la ruina.
El alcohol fue mi compañero fiel.
Resultamos buenos amigos.
No me detuve.
Recorrí el largo camino sin escalas.
Pude, al fin, dejar en el pasado
A mi amiga, la botella.
Meses, quizás años más tarde,
cuando aparecí frente a la puerta
de esa casa
manejando un auto diferente,
sobrio, vistiendo camisa y pantalones
limpios y las botas bien lustradas,
ella lloró al ver mi cara.
Su última esperanza estalló en el aire.
Y ya no tendría más esperanzas.

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Ghost World

 

“I think only stupid people have good relationships.”

Ghost World (2001)

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Ópera y villanos

Fragmento

Ópera

Próximamente un corto hecho a la antigua sobre este extracto de “El periodista de La Barracuda”.

 

Por: Orlando Echeverri.

29 de marzo: Encuentro con Lin Wei.

 

Habíamos bebido hasta la madrugada y encontrado una colección de ópera rusa

debajo de la cama. En un tocadiscos escuchamos decenas de veces El himno a la luna y

Señor, has que conozca mi fin, de Dymitry Brotnyansky. También escuchamos dos discos

de un tal Vladimir Pasuikov. Mara se subió a la mesa de la sala y bailó mientras Reinaldo y

yo la aplaudíamos efusivamente. A las tres de la mañana enviaron un niño a nuestra puerta

para que nos calláramos y antes de que se marchara Reinaldo le entregó un puñado de

croquetas para gato diciéndole que se trataba de galletas recién horneadas. Debimos

silenciar todo cuando la madre del niño bajó a insultarnos. Reinaldo se arrodilló e intentó

besarle los pies para que no llamara a la policía.

En la mañana los dos se fueron del apartamento sin mencionar nada de la noche

anterior. Parecían avergonzados, estropeados. Tampoco yo me sentía bien conmigo mismo.

Con la certeza de que me vería obligado a declararle a Estanislao que mi trabajo había sido

un rotundo fracaso, comencé a recoger mis pocas pertenencias distribuidas por el

apartamento. Entonces sonó el teléfono.

—¿Quién es?— dije herido mortalmente por el dolor de cabeza.

—¿Más bien quién es usted?— dijo una voz femenina.

— Es difícil de explicar si no sé antes con quién tengo el gusto— dije.

—Lo que quiero saber es qué hace ahí metido.

—Trabajo para La Barracuda. Conocía a Garner. Una cosa llevó a la otra, etc., etc.

—No entiendo. ¿Qué tiene de importante para ese horrendo periódico que Garner haya

muerto?

—Nada. Créame. Por eso me lo he tomado como algo personal. ¿Con quién tengo el

placer de hablar?

—Con Lin Wei— dijo.

Arrojé al suelo un par de calzoncillos sucios y escupí un cigarrillo apagado.

—La estuve buscando en su restaurante hace unos días— dije.

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—Sí, lo sé. Pero no me queda claro por qué me busca ni por qué según su recado debía

llamarlo al apartamento de Garner.

—¿Pero a quién debería pedirle permiso para estar aquí?

Wei permaneció en silencio un instante. A lo lejos podían escucharse trastos metálicos

entrechocando.

—Me gustaría conversar con usted— repuse. Entonces apareció nuevamente su voz,

desde lo lejos, como si hubiera apartado la bocina del teléfono para ocultar su

respiración.

—¿Y eso para qué?

—Le dije que conocía a Garner y quisiera hablar sobre todo lo que ha ocurrido.

—Sólo hablaría con usted si me promete no publicar nada. Me da vergüenza que algo

sobre Garner salga en ese diario.

—Pedirle eso a un periodista es un acto de ingenuidad, Wei. De todas formas, le aclaro

que el diario decidió no publicar nada más sobre Garner.

Wei pareció complacida con la noticia y acordamos encontrarnos en su restaurante

dos días después. Más tarde, cuando me disponía a salir hacia el periódico, llamó

nuevamente la dueña del apartamento. Le expliqué que Garner había estirado la pata.

—¿De qué habla?— dijo, confundida e indignada.

—Se pegó un tiro y ahora mismo está navegando quién sabe dónde.

—¿Cómo es que está navegando?

—No han encontrado su cuerpo. Vea el diario de hace unos días. Ahí explican, señora.

—¿Y las paredes están bien?— dijo— ¿Las pintó como habíamos quedado?

—Las paredes están bien, y las ventanas y también las cucarachas.

Notablemente molesta, la mujer me dijo que tenía una semana para recoger las

pertenencias de Garner. Pensaba arrendar el apartamento cuanto antes. Agregó que era un

patán y que iba a botar a la basura todo lo que dejara. Le agradecí atentamente y antes de

salir acaricié a Smog un rato. Comencé a preguntarme si debía llevarlo conmigo de una

buena vez. Después de todo, si iba a hacerme cargo de él tendría que sacarlo de allí antes

que vaciaran el apartamento. Pasé por alto cómo lo iba a tomar Wei cuando se enterara,

aunque deduje que si realmente le interesaba el gato, ya habría ido por él.

Fui por una maleta para meter al animal y trasladarlo en bus hacia mi casa. Encontré

una mochila pequeña y vieja en el armario y calculé que Smog cabría si lograba

acomodarlo boca arriba. Con un cuchillo abrí varios agujeros por donde pudiera entrar el

aire. Meterlo fue un lío pero finalmente lo logré. Cuando iba en el bus los demás pasajeros

comenzaron a dar señales de incomodidad y miedo. Smog aullaba y se revolvía dentro de la

maleta. ¿Qué tiene allí? ¿No le da vergüenza? ¡Lo está matando! Llegué a mi apartamento

y, al soltarlo, corrió desorientado de un lado a otro, pero al cabo de un tiempo comenzó a

explorar su nuevo hogar como si estuviera dispuesto a acostumbrarse.

En la noche, el encuentro entre Mara y Smog fue extraño y apasionado. Mientras

ella lo tenía en sus brazos, el gato lamía compulsivamente sus dedos. A mí, sin embargo,

apenas me determinaba. Cuando nos acostamos a dormir, Smog se echó sensualmente junto

a ella y hundió el hocico en su axila. Mara repasaba una de sus manos a lo largo de su

cuerpo. Cuando se quedó dormida volví al apartamento de Garner. Una vez allí escuché el

teléfono timbrar una y otra vez. Debía de ser Mara. No contesté. ¿Cómo podía

explicárselo?

 

Por Orlando Echeverri.

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