Fiebre
Por: Orlando Echeverri B.
Fiebre y calor y el ventilador dañado, Mara
tenías tu vestido blanco y la cara blanca
y también tus pantorrillas eran blancas y tersas
como un Marlboro Light recién desempacado.
Fiebre y esos horribles sueños, Mara
delirios ásperos e intrépidos como el amor de las paradojas
y tú te bebías la ginebra de mi padre y leías
ese libro de Corbière
y matabas las hormigas
que intentaban subirse por las patas de la cama.
“No hay un color sino el recuerdo de un color”
leíste con tu voz de resaltador fucsia
y afuera, por la ventana, yo veía esas nubes
ese código, esa huella dactilar, esa rúbrica de la noche
que aún no logro comprender.


